Cuando empezamos a usar Rovo, la IA de Atlassian, no lo hicimos pensando en “meter más IA”.
La motivación fue mucho más sencilla (y más real): teníamos demasiada información repartida y cada vez costaba más tener una visión clara de lo que estaba pasando.
Después de un tiempo usándolo en proyectos reales, estos son algunos aprendizajes que, vistos con perspectiva, marcan la diferencia.
Encontrar información deja de ser una pequeña lucha diaria
Uno de los primeros cambios fue muy simple: buscar información dejó de ser tan frustrante.
No porque antes no existiera, sino porque estaba repartida entre tickets, documentos, proyectos antiguos y decisiones tomadas hace meses.
Rovo no crea nada nuevo, pero ayuda a unir esas piezas cuando necesitas contexto.
Eso, en el día a día, se agradece mucho más de lo que parece.
Las herramientas empiezan a sentirse más conectadas
Jira y Confluence siempre han estado pensadas para trabajar juntas, pero en la práctica esa conexión depende mucho de cómo trabaje cada equipo.
Con Rovo, esa dependencia se relaja un poco.
No porque sustituya una buena organización, sino porque ayuda a entender relaciones incluso cuando no todo está perfectamente enlazado.
No arregla el desorden, pero hace que el sistema sea más tolerante con la realidad.
Entrar en un proyecto ya no es tan cuesta arriba
Incorporarse a un proyecto avanzado casi siempre es incómodo.
Hay contexto que no está escrito, decisiones implícitas y muchas piezas sueltas.
Rovo no elimina ese proceso, pero lo acorta.
Permite hacerse una idea más rápida de qué está pasando y por qué, sin tener que reconstruir todo desde cero.
Para equipos que cambian, crecen o se reorganizan, esto tiene mucho valor.
El desorden sale a la luz (y eso no es malo)
Una cosa importante: Rovo no tapa los problemas de fondo.
Si la documentación está desactualizada o los proyectos están mal cerrados, se nota.
Pero lejos de ser un inconveniente, esto ha servido para abrir conversaciones necesarias sobre cómo trabajamos y cómo cuidamos la información que generamos.
La IA no pone orden por sí sola, pero invita a ponerlo.
Menos ruido mental en el trabajo diario
Hay un beneficio difícil de medir, pero muy real: la sensación de trabajar con más claridad.
- No tener que recordar dónde está todo.
- No depender siempre de preguntar a alguien.
- No perder tanto tiempo en ponerse en contexto.
El trabajo no se vuelve mágico, pero sí más llevadero.
Lo que realmente ha cambiado
Rovo no nos ha hecho trabajar de una forma completamente distinta.
Nos ha ayudado a entender mejor nuestro propio sistema de trabajo.
Y cuando se trabaja con muchas herramientas, muchos proyectos y muchas personas, ese tipo de avance, aunque discreto, acaba siendo muy valioso.
En nuestro caso, eso se ha traducido en más contexto, menos ruido y mejores conversaciones.