¿Qué queda del ingeniero de software?

Jorge Arévalo

Managing Director

Oct 2026
Oct 9, 2026

Esta semana falleció Margaret Hamilton, la ingeniera que dirigió el software del programa Apolo, a los 90 años. Se le atribuye el término «ingeniería de software», utilizado en la carrera espacial, cuando «software» era un término nuevo. Su equipo escribía a mano el código para un módulo lunar, y un solo error podía arruinar la misión. El nombre se adoptó porque reflejaba una responsabilidad, no solo una técnica.

Hoy pasa algo parecido con la palabra «agente», y el debate de esta semana entre Terence Tao y OpenAI lo ha puesto sobre la mesa. OpenAI ha anunciado que sus modelos resolvieron más de un centenar de problemas matemáticos abiertos y ha publicado cientos de demostraciones de golpe. Tao no discute la capacidad, discute la forma. Liberar tanto resultado simultáneo, al margen del ritmo y las normas con las que la ciencia digiere el conocimiento, empobrece la práctica misma de hacer matemáticas; parte de la comunidad habla directamente de desprecio por esas normas. La tensión no es si la máquina puede, que puede, sino qué parte del razonamiento exige un ser humano que lo quiera, lo verifique y lo firme.

Mientras tanto, el radar de ideas se llena de pruebas de lo que los agentes ya hacen: ACP (Agent Client Protocol) para que los agentes se comuniquen y se deleguen trabajo; Learn Harness Engineering, un curso práctico sobre cómo diseñar sistemas que aseguran la fiabilidad de un agente de código; y el blueprint abierto de Claude Commerce Agents, con ejemplos para retail, viajes, telecom y entretenimiento. La ingeniería de agentes ya tiene protocolos, cursos y patrones. Está pasando de ser una promesa a una disciplina.

¿Qué queda entonces del ingeniero de software? Lo mismo que quedó de Hamilton. Cuando la herramienta hace más del trabajo, el oficio no desaparece sino que se concentra en lo que la herramienta no trae consigo, es decir, decidir qué merece construirse, definir qué significa «bien hecho», desconfiar donde toca y responder por el resultado. Los agentes ejecutan cada vez más pero la responsabilidad no se ejecuta. Y esa parte, como descubrió el Apolo, sigue llevando nombre de persona.

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